(Jueves) 4-11-10
La Importancia de Boris Isakof
Imaginen de repente que hace aproximadamente 20 años, 1 mes y 5 días haya nacido Boris Isakof, cuya familia, si bien con una larga tradición judía, haya abandonado esta costumbre por una vida de puro escepticismo institucional religioso. Su padre sería el escritor y filósofo alemán Friedrich Isakof, y su madre sería la pintora francesa cubista, Celine Brooks. Tendría una hermana mayor llamada Isabelle, y un hermano menor llamado Karl, en conmemoración a la filosofía materialista que adoptaría su padre, y teniendo en cuenta que nacido el 5 de mayo, no podría no llevar otro nombre. Isabelle tomaría el escepticismo de su padre y se convertiría en una antropóloga bastante reconocida y objetiva a la hora de analizar los pueblos del interior de la Argentina. Karl sería, en cambio un jugador de fútbol, desinteresado por toda cuestión que tenga que ver con el ser humano en sociedad, su mayor logro hubiera sido haber pasado más de media cancha con la pelota y haber metido un gol haciendo un triple caño. Y aunque parezca el menos inteligente de los tres hermanos, sería el más sensible. Boris sería el más extraño e importante en la familia. Considerado la oveja negra por parte de la familia del padre (se escucharía mucho la frase “de tal palo, tal astilla”) y serla no le molestaría en lo más mínimo. Le daría la fuerza para empezar a escribir. Boris sería un médico, sociólogo y escritor con algunos toques de pintor (que su madre le aportaría) y trataría de comprender la humanidad desde dos mínimos ojos y una interpretación propia. Como lo es en todos los casos, interpretando a partir de lo que nutrimos en nuestras familias y entornos, y luego en un nuevo entorno interpretamos relacionando el entorno originario. Supongamos que yo haya sido el vecino de Boris Isakof, aunque las probabilidades espaciales y temporales son imposibles, podría haber sucedido, supongamos eso. Y que hayamos sido mejores amigos, ¿cómo habrá sido mi manera de interpretar las cosas? Porque no sólo él sería mi mejor amigo, y su familia sería algo importante en mi vida, sino que mi familia sería algo importante en él, y en su entorno. Mi familia hablaría con su familia e intercambiarían pensamientos, quizás todas las tesis y antítesis que andan volando por sus cabezas se transforman en síntesis, y lo que a Boris o a mi, eran tesis, ahora serían síntesis. Quizá yo hubiera decidido ser doctor, o pintor, y él cineasta, o ensayista. Quizá su hermano no hubiera sido jugador de fútbol después de haber conocido a mi hermano, hubiera sido, psicólogo, o jazzista, o quizá mi hermano hubiera sido jugador de fútbol, o deportista. Mi hermana podría ser socióloga, y mi mamá hubiera seguido pintando, y mi papá discutiendo con su vecino repitiendo una y otra vez la frase “creo en dios, o creo a dios”. Y todas estas redes indispensables para seguir un orden fundamentalmente ocasional hace a uno pensar, que nuestra existencia quizá está dada de cierta manera y sólo puede existir de esa manera, o quizá, teniendo en cuenta lo que Fiedrich me diría algún día estando en la terraza tomando helado: “Todo existe de una manera, pero esa manera la vemos cuando nos remite a una nueva”. La razón por la cual soy escritor hoy en día, y tengo mi manera de pensar es por todo eso que creo que está dado por algo… pero cuyo sentido le encuentro ahora. Quizá haya sido importante en mi vida que no haya existido Boris Isakof, o quizá haya sido mejor, o quizá haya sido todo igual… Pero yo no me arriesgaría… Quizá no por ahora...
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