(Lunes) 29-11-10
1- INTRODUCCIÓN (SU OBJETIVO)
Pasaba las noches en la terraza esperando paciente que esa acción cesara de un momento a otro. Sentarse sobre la medianera, prender un cigarrillo, sentir la brisa que le regalaba la noche, y pensar en aquello que le quitaba el sueño constantemente. Pero él no enloquecía por ello, no era el no poder dormir lo que le molestaba, sino lo que no se revelaba. Aquel pie descalzo que rozaría el frío suelo, el vestido moviéndose lentamente y una luz que enceguecería al joven y no dejaría ver el rostro de la muchacha, pero sí su silueta, figura de absoluta belleza. La belleza que escaparía sólo del mundo tangible, y que penetraría al mismo con un conjunto de ideas y preconceptos intensos.
2- DESARROLLO (SU TÉCNICA)
La rutina era clara y peculiar. Tenía tres lapsos de 8-10 minutos, teniendo en cuenta la constancia con la que fumaba el cigarrillo, y los cuales se repartían según el día. Los lunes, miércoles y viernes luego de la medianoche, hasta las 3 de la mañana inclusive, y martes y jueves de 3 de la mañana hasta que amanecía (en verano este horario se acortaba a comparación del invierno). Los sábados y domingos se quedaba prácticamente desde que el sol se escondía, hasta que volvía a aparecer. Los pensamientos que pasaban por su mente en ese instante de total concentración era un mantra (que no puedo darle una significación, a pedido de él) que repetía una y otra vez, mientras observaba el espacio entre la puerta de la terraza y la ventana de la pieza. En ese pequeño espacio de un metro y medio se encontraba el punto donde su mirada se fijaba mientras fumaba el cigarrillo, luego, antes de terminarlo, movía su vista hacia la casa de abajo y daba la última pitada. Los días de verano solía pasar un gato que le pedía comida y caricias, pero sólo podía obtener estos lujos en los momentos en donde él no tenía un cigarrillo en su mano. Mirar hacia el espacio vacío entre la puerta y la ventana, y la casa de abajo, una situación que se daba sólo 3 veces por noche, 21 veces por semana.
3- CONCLUSIÓN (SU DESTINO)
La noche del 26 de Febrero de 1995 él fumaría su último cigarrillo sentado en la medianera junto a la muchacha. Recuerda la calma, esa noche especial. El viento parecía salido de un cálido mar. El silencio que se transformaba en música impecable y su calma transformada en ansias. Sabía que esa noche sería la última. Sentarse en la medianera, esperar el sol salir. La luz encegueciéndolo y la muchacha caminando hacia él. Los pies se arrastraban y él estaba soñando despierto. La figura deseada, el momento tan anhelado, el final de un ciclo, de una rutina de cinco años. La técnica sin sentido, el objetivo vacío en la memoria, la mitad sin contexto. Sus ojos entrecerrados; sus cejas hacia arriba, fruncidas; su boca haciendo una mueca entre la incomprensión y el júvilo; a su lado esa presencia que le llena el alma de vida; y lo mejor de todo: oxígeno en los pulmones.
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