
(Domingo) 7-11-10
Antes del Amanecer(1995)/Antes del Atardecer(2004) de Richard Linklater.
Con Ethan Hawke y Julie Delpy.
Cuando levanta su mirada y ve a la mujer que vio una sola vez hace 9 años, el mundo había renacido. Escribir un libro sobre esa noche que cambiaría su perspectiva del amor. Alguno de ellos dos se había preguntado alguna que otra vez, qué hubiera sido de sus vidas si ese día en el tren hubieran seguido de largo, o si esa pareja alemana o austríaca nunca se hubiera peleado. Pero, la realidad es que ninguno de ellos piensa en el presente cuestionando el pasado, sino el mismo presente como cuestionamiento de lo vivido. Algo que puede sonar parecido, pero no lo es. Celine y Jesse se conocieron en un tren y vivieron toda una noche en Viena. La pasión de las conversaciones filosóficas armonizadas con la química que sus cuerpos y sus miradas emanaban delicada e intensamente. Las palabras como pretexto de lazos que en cada momento se hacen más fuertes e irrompibles. Pero, como todo en la vida, esa soga tensa e infinita debe ser soltada para seguir un curso específico, el curso de nuestras vidas. Esta pareja mitad norteamericana, mitad francesa, comienza su conversación en un tren, y luego fluyen como una relación. Ambos sinceros desde el comienzo, pero con temor a espantar, pero a la vez confiados y entregados a la vida misma. Bajan del tren y recorren desde cementerios, parques, disquerías musicales (a no olvidar la escena tan maravillosa con el tema “Come Here” de Kath Bloom), bares, restaurantes, atracciones, para encontrarse con lo que ellos son. Extraña es la sensación que produce al espectador esta pareja al hablar… Sólo vemos lo que ellos quieren que los otros vean, nunca los vemos en ese momento solitario, donde su verdadera cara se muestra, pero confiamos en que ellos son así. En especial por la sinceridad que fluye de Celine, una mujer con carácter, con convicciones y con ideales imposibles de corromper, salvo por la humanidad, que la construye y la destruye. Pero ella inocente y la vez fuerte, se encamina en ese viaje con el otro llanero solitario y con su corazón roto. Un joven que viaja desde los Estados Unidos hasta España para visitar a su novia. Las distancias destruyeron ese lazo que él creía maravilloso. Triste y austero se sienta en el tren y ve a Celine con su bolso y su libro sentarse cerca… él no dudó en sonreírle, en hablarle. Luego la conversación se inicia en el bar del tren… él desnuda su ternura bajo ese rostro de fortaleza. “Y creí ver a mi abuela”. Esa conversación sobre la muerte y las almas, hizo que el corazón de Celine golpeara fuerte contra su pecho y decida decir que sí a la idea de viajar un día entero en Viena, hasta que el sol aparezca, y cada uno vuelva a la normalidad, cambiados, transformados, mutados, por aquella noche que cambiaría su modo de ver la vida para siempre. Besos, conversaciones, abrazos, y amor en esa noche que se repetiría en seis meses. Pero ellos no entendieron desde el comienzo que la vida se trata de sorprenderse, de no pensarla con una lógica.
Y ese momento llegaría nueve años más tarde. Ambos con sus respectivas vidas, él un escritor casado con un hija, y ella una activista luchando contra el mundo, por uno mejor, de novia con un fotógrafo de guerra que no ve seguido. Jesse se encuentra presentando su libro que relata esa noche con Celine. Un libro romántico cuyo final no se sabe. Ella está parada, sonriente, esperando que él la mire y el aire vuelva a sus pulmones. Su estrella en el cielo volvería a brillar, y ese sentimiento de unión corporal penetraría su mente. Su avión parte en unas horas y se decide a pasar un rato con ella. Caminan, toman un café, visitan París, su ciudad, su cuna. Ambos maduros, distintos pero a la vez iguales. Es quizá el mejor ejemplo de esa generación que en los 90 tuvo su post adolescencia, y ahora debe ser adulto en este mundo destruido y consumista. Donde el arte tuvo flagelos, donde la mente se corrompe por el aparato del estado y los medios de comunicación. Ambos presas de los fantasmas de sus propios sistemas. Jesse en un matrimonio infeliz con una mujer a la que respeta y quiere, pero no desea ni ama, una relación que se fundó por una hija y esa belleza americana de la familia perfecta y unificada. Y Celine luego de haber estudiado en los Estados Unidos, vuelve a su país natal, con su familia, con sus raíces, con ese aire europeo, fatigado por la cuna de la revolución industrial, y con esos cálidos colores parisienses, con la idea de cambiar el mundo… y no es una casualidad que sea ella la revolucionaria, ya que Europa es la revolución en sí. Pero ella teme que esa revolución sea la misma de siempre, reemplazar, y no cambiar. Y el amor sigue intacto pero confuso. Quizá ellos se debían por siempre, o quizá no, pero se deben a esos momentos. Cada uno idealizó esa noche en una expresión artística. Él en un libro, ella en una canción, y es que estos medios son las puertas de los corazones. Llorar a partir del arte, es quizá lo más bello que puede ocurrirle al ser humano.
Quizá haya muchos momentos importantes en la historia para entender cómo golpeó en sus vidas esa noche, pero ninguno se compara con la conversación en el auto yendo a la casa de Celine. Corazones heridos, puestos a la deriva, desnudando el dolor y la rabia por la frustración de que eso no haya seguido. Esa noche interrumpida por 9 años. Unos paréntesis que cambiarían sus vidas, pero no su química, ni su intensidad. Ellos se aman, nunca lo dijeron, pero se aman. Sus besos y sus caricias, en el primer encuentro, decantados en sexo y en despedida, y finalmente un abrazo que choca los cuerpos para unirlos en sentido pasional. Quizá la película no hable de amor, aunque sea el motor de todo. Desde el deseo inicial, hasta el anhelo de encontrarse una vez más, para realizar la catarsis de lo vivido. Desde las primeras experiencias sexuales y los primeros amores y desamores, hasta la frustración de una vida armada, y de un presente que se asoma al futuro de manera veloz, casi sin pensarlo, ese hombre que una vez fue joven y lleno de ideales, está ahí, estático en el mundo que lo corrompe, que lo hace uno más, un ser expuesto a la miseria. Jesse cuenta en la escena de la librería la idea de su próximo libro. Está su hija bailando en la mesa, un tema que le hace recordar su adolescencia, su novia bailando en el auto, y el mismo temor, las mismas sensaciones. Quizá ese comentario aporte todo para entender a qué iba esta película. Nos hablaría de ese lapso entre el presente y el recuerdo, entre esa idea de que las situaciones en el pasado no tienen significado sólo hasta después de vividas y recordadas a partir de otras situaciones. La idea principal de que nuestra vida pasa sin darnos cuenta, pero se repite en ciclos.
Hay tanto amor en ese hombre, y tanto amor en esa muchacha. Sus vidas seguirán un rumbo. Con el magistral sonido de Nina Simone de fondo, nos dice que justo a tiempo ella estuvo ahí, y él estuvo ahí. Ambos ahí, atrapados en ese amor que nunca va a terminar, todo el amor en una noche, todo el recuerdo en una tarde… la vida de dos personas que se modifica en cuestión de segundos, y este tiempo que corre, y nos apura. “Nene, vas a perder ese avión” dice ella al compás de la música. Y él, feliz y sonriente, responde “lo se”. ¿Y qué es preferible acaso, perder ese momento o perder un viaje que te podés volver a tomar? Yo creo que es capaz de esperar toda una vida para tomarse ese avión… porque está donde quiere estar, justo a tiempo. Celine y Jesse, una pareja que emana amor y madurez, que emana sensaciones y encuentros inexplicables. Siendo totalmente subjetivo, y quizá por ser mi película favorita e inclusive saberme muchos de los diálogos y gestos, diría que es una historia de amor perfecta para esta época, y para siempre.
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