TEXTO 1
Había escuchado muchas historias sobre esos seres que gritaban a la madrugada, durante el toque de queda. También había padecido aquella situación en la que esos seres que gritaban lo despertaban con una sorpresiva capa de sudor frío. Solía mojar su rostro en el baño al levantar, y ver por la ventana a esos seres que no sabía dónde se encontraban. Algunas historias cuentan que están sobre los árboles, bajo los muebles, sobre los techos, pero para Franco esto no era más que una alucinación. Su escepticismo clave en la manera de ver el mundo le hacía confiar en su psiquiatra quien le decía que esas pesadillas iban a cesar en el momento exacto que afrontara su pasado. ¿Pero qué situación podría haber vivido el escéptico Franco para escuchar gritos durante la madrugada? Sus recuerdos son nulos, pero en un presente vivo, cada grito desesperante a la madrugada no hacía más que asustarlo.
POEMA 1
Ese silencio determinaba un vacío.
¿Hacia donde podría caminar aquel hombre
que despertó inquieto durante la madrugada?
Su sudor desespera, bajo aquel temor.
Frío, pero tranquilizador.
¿Dónde fueron a parar esas rosas,
esos pétalos que aquel hombre tiraba al suelo?
Se agarraba de su pasado, como si fuera el presente.
Las sogas le agarran las piernas.
Las lágrimas le mojan el rostro.
Pero allí, inmune bajo el suelo rosado.
El rojo de su sangre en una memoria,
destruida en la historia.
Sus brazos molidos,
sus ojos profundos,
su océano superficial,
el arroyo de cada madrugada, en la almohada.
¿Y a dónde está aquel hombre?
El que soñaba volar sobre los prados de su amada.
¿Y a dónde fue aquel hombre?
El que besaba profundo los labios de Amanda.
¿Y quién fue ese hombre?
Alguien, eso fue.
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