domingo, 9 de enero de 2011
El Claudicante
Si yo no tengo edad suficiente como para padecer esta enfermedad. Duele caminar, como la vida misma. Aquel camino que recorro incesante, y a la vez inquieto, sin mis pies, sino más bien, con parte de mi cuerpo, o con parte de mi mente. Cada movimiento que se encuentra asociado a lo cotidiano, serían mis brazos, mi cabeza, y por qué no mis manos. Los movimientos de los dedos, también entrarían en esa categoría, pero a veces suele dolerme, ya que toda la fuerza que puedo llegar a decantar es a partir de allí. Mis piernas se encuentran quietas, como mis pies, y como los dedos de mis pies, pero, en definitiva nunca pude mover mucho los dedos los pies sin antes volverme loco, porque nunca pude mover sólo uno. Independizar cada dedo del pie era una tarea difícil, ahora es más que eso, es imposible. De repente la imposibilidad depuró la esperanza en una simple claudicación intermitente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario